Primero fue la radio a pilas sobre la nevera en la cocina de mi abuela, ahí comenzó mi relación amor-odio con la radio.
Ella sintonizaba todas las mañanas Radio reloj, noticias, servicios sociales tipo “Atención! Se ha extraviado perrita fres puder en el barrio Belén, sector Rosales, atiende al nombre de Rita, se ofrece recompensa al 2657887”. Luego tandas musicales que incluían boleros, tangos, bambucos, pasillos y otros géneros latinoamericanos que mi abuela cantaba “para espantar sus males”.
Luego apareció La voz de Colombia en mi vida, las empleadas del servicio planchaban y cocinaban cantando las baladas de la inglesita Jeannette (Yo soy rebelde porque el mundo me hizo asi), mandaban dedicatorias a sus novios por medio de la emisora “Esta canción va de parte de Blanca para Humberto (Yo no te pido la luna, tan sólo quiero amarteeee)”.
Tiene un maravilloso programa llamado “Nostalgia”, cuya cortina es la voz de Dyango cantando “Nostalgia, de escuchar su risa loca y sentir junto a mi boca como fuego, su respiración”. Sintonizando La voz de Colombia en las mañanas mientras me preparaba para ir al colegio conocí las baladas de los 60s y 70s, conocí a Sandro, a Leonardo Favio, a José José, a Los ángeles negros y un sinfín de artistas que aun hacen suspirar a mis tías, y en momentos de melancolía, me hacen suspirar a mi también.
Esta emisora se convirtió en un ícono Kitsch, y su música fue estigmatizada como “música pa’ planchar” o “música de peluquería”; pero se ha mantenido siempre fiel a su género, la música romántica, sigue vigente y es hoy en dia una de las emisoras más escuchadas de la ciudad.
A qué voy con todo esto? Hace poco leí un estudio general de medios que mostraba el ranking de las emisoras más escuchadas de la ciudad, entre ellas estaban las dos anteriores, pero el resto eran mucho de lo mismo.
Aunque en la actualidad tengamos la posibilidad de escuchar nuestra selección particular gracias al mp3 o mp4 o al IPod, todavía tenemos mucho contacto con la radiodifusión, bien sea en nuestro trabajo, en los medios de transporte, en la calle o en los comercios, o simplemente en esos momentos en los q ya no sabemos qué carajos escuchar y decimos “mierda, será prender la radio a ver qué encuentro”.
Entonces es cuando encendemos la radio y nos encontramos con este panorama decepcionante, de todas las emisoras del FM medellinense (aunque tengo la certeza de que esto se repite en otras ciudades del mundo), se cuentan con los dedos de una mano las que cumplan con las siguientes características:
- Tener programas especializados (los programas de dedicatorias no cuentan).
- No programar más de dos veces al dia la misma canción.
- No meterle al oyente hasta por los codos “la canción más exitosa” o “el artista más popular”.
- Educar al oyente acerca de lo que está escuchando e intentar proponerle nuevos sonidos.
Me abstengo de opinar acerca del AM, porque para mi sigue siendo un mundo aparte.
Yo debo gran parte de mis conocimientos musicales a la radio, este es un medio que aun tiene mucho alcance y mucha influencia sobre la audiencia. Las emisoras crean códigos comunicativos entre sus oyentes, los hacen identificarse no sólo con un género musical en específico, sino con un grupo de personas que comparten sus características (preferencias, edad, género, ocupación, pasatiempos).
Si bien uno es lo que come, para mi uno es también lo que escucha. Entonces, qué le damos a de comer a nuestros oídos? Pronto estaré posteando mis sugerencias radiales. Agradeceré sus sugerencias también.